domingo, 28 de octubre de 2012

Las Aventuras de la Niña Invisible y el Chico Intergaláctico (Parte I)


.: I :.
Más allá de la Vía Láctea, a millones de años luz, existen planetas y mundos diferentes al nuestro.
Viven vidas diferentes, y ciertamente son diferentes. Pero aunque no los veamos, aunque no sepamos exactamente cuál es esa diferencia, viven y existen, y en realidad no son tan diferentes.

Esta es la historia de dos seres de otro mundo, uno distante y enigmático, un mundo más allá de las estrellas que vemos por la noche...

.: II :.
La llamaban la Niña Invisible, y en algo habían de tener razón.
Su apodo no radicaba sólo en el hecho de su capacidad para mimetizarse hasta desvanecer, o de literalmente comprimirse hasta volverse éter, sino que el apodo de debía más al simple hecho de que nadie nunca la notara, usara sus poderes o no.

La verdad es que ella prefería estar así, sin ser notada. El planeta Irv ya era demasiado pequeño como para darse el lujo de llamar la atención.

El cuadrante era vastísimo. Llegaba más lejos de lo que un telescopio galáctico podía hacerlo. Contenía treinta y siete soles y algo así como once mil planetas de diferentes tamaños.
Y aunque esto suene abrumador, la verdad es que el cuadrante número cuatro mil billones nueve era, en sí, un cuadrante de tamaño normal en el cual los planetas fungían más como ciudades que como un mundo independiente de los demás.

Así pues, Irv era uno de once mil planetas del cuadrante cuatro mil billones nueve.

Irv era un planeta sumamente pequeño en el cual nunca sucedía nada interesante. La gente se conocía de toda la vida y las relaciones amorosas solían ser incluso entre miembros de la propia familia, así que era difícil no resultar estar emparentado con la mitad del planeta. Los días apenas duraban cinco ciclos, lo cual era más o menos siete horas, cuarenta y nueve minutos y dieciséis segundos.
Pero era innecesario llevar la cuenta del tiempo, pues nada relevante sucedía.

Para Nevhyn era difícil ser especial. No cualquiera poseía un poder como ella en todo el cuadrante, y ella era la única en todo Irv en poseer un don de tal magnitud.

Así pues, era conocida por todo el planeta, pero quizás no en muy buen sentido. La gente se le quedaba viendo al pasar, claro, si es que ésta dejaba verse.

Ella era bastante callada e introvertida; si tú la mirabas y no sabías de sus poderes, ella te resultaría normal, inclusive aburrida. Pero la verdad es que ella no era tímida, sino que decidía no hablar porque sabía que las ideas de los demás eran demasiado cuadradas, que su opinión causaría controversia, que si se dejaba ver tal cual era, los demás tendrían miedo. La verdad es que ella vivía oprimida.

Pero eso iba a cambiar.

.: III :.
Era de noche, lo cual significaba que tenía pocas horas para huir lo más lejos posible. Su conciencia estaba limpia, tenía que salir de ahí.

Sólo había una persona a la que extrañaría, y era el único pensamiento que ocupaba su mente en ese momento. ¿Qué sucedería con Khäleb?

Él era su mejor amigo, el único que tenía, y no le había dicho nada de sus planes de huir. Sabía que si le decía algo, la persuadiría de lo contrario. No podía debatir con él, pues con tan sólo iniciar un argumento, él hallaba la forma de salirse con la suya. A veces sólo bastaba que sonriera para que ella olvidara que estaba enojada con él.

No se arrepentía de su decisión, pero le dolía irse sin despedirse de Khäleb.

Miró las tres lunas sobre ella, como si esperara que sus disculpas las pudiera escuchar él. Estaba a punto de subir a la nave cuando unas manos le cubrieron los ojos.

       -          Así que planeabas irte sin decirme adiós.- le susurró Khäleb al oído.
       -          ¿C-c-cómo es que…? ¿Cómo supiste?
       -          Sé más cosas de ti que tú.- dijo riendo.


Él apartó sus manos y la giró hacia sí, tomó su mentón con una mano y dirigió su mirada a sus ojos, luego tomó su cintura y la apretó contra él. Ella seguía intentando bajar el rostro para que no la viera, pero él la sujetaba firmemente. Intentó pensar en una excusa, pero nada venía a su mente, así que intentó pedir disculpas, pero estaba demasiado conmocionada como para hacer que tuvieran sentido.

-          Khäl, lo siento. Yo… yo pensaba que tú… y… y no podía hacerte eso porque… porque… Lo siento.
-          No pidas perdón, sé por qué lo hiciste. Sólo esperaba que supieras más acerca de mí como para no pensar en que intentaría detenerte. –lo había herido, y ella lo sabía. –Mira, sé que no eres feliz aquí… Sé que eres… diferente. Sé que sientes que no encajas en este lugar. Pero tan sólo si… Si tú… Si nosotros…
-          Khäl, sólo dilo, no tengo mucho tiempo.
-          Me gustaría poder hacer que te quedaras. No sabes lo que daría por ser suficiente para ti. Pero sé que necesitas algo más, así que no te detendré porque sé que necesitas huir, necesitas hallar un lugar en el que puedas ser tú misma. Quiero que encuentres un sitio donde todos sean capaces de ver a la Nevhyn de la que me enamoré.
-          Espera… ¿qué?

Pero era demasiado tarde para pedir una explicación, él lo había dicho por fin, aunque ya no sirviera para nada. Ella tendría que irse sin esa respuesta, tendría que marcharse con tan sólo el tacto de sus labios y el eco de un beso tembloroso, un beso que sabía a despedida y nostalgia.


Un haz de luz blanca recorrió el cielo en dirección a los rayos purpúreos de las tres lunas, mientras Khäleb observaba como su única fuente de felicidad se alejaba indefinidamente…

.: IV :.
El planeta de Irv había quedado muy atrás, y Nevhyn calculaba que dentro de dos ciclos máximo dejaría atrás el cuadrante entero.

Seguía dándole vueltas al beso con Khäleb. ¿Cuánto tiempo llevaría enamorado de ella? Se conocían desde que habían nacido, y ella nunca lo había visto de esa forma, aunque siempre sintió algo más por él que una simple amistad. Tal vez fue que nunca pensó que él de verdad pudiera corresponderle.

Nevhyn tenía ahora una necesidad de volver y aclarar las cosas, pero sabía que era imposible, ya no había vuelta atrás.

Dos planetas más y llegaría al agujero negro que la haría salir de ahí.


Estaba a punto de encender el turbo de la nave cuando algo chocó contra ella. La electricidad comenzó a fallar y sintió como los propulsores se apagaban. Iba en picada contra el planeta Drullen.

.: V :.
       -          No, Chunk, te digo que vi a alguien caer de la nave.
       -          Pero hemos registrado el planeta entero y no hemos visto nada, tenemos que irnos.
       -          Una Space-traveller DZX.9321.v6 no puede ser piloteada así como así, alguien iba dentro. Además, la nave ha quedado prácticamente intacta, alguien debió de controlarla antes de caer.
       -          ¿Y si entramos en la nave?
       -          No, es demasiado peligroso.

Siguieron caminando por el terreno arenoso, aunque era un poco difícil pues la gravedad no era la suficiente para sus cuerpos y salían flotando con cada paso que daban. Fue entonces cuando Chunk dijo:
-          ¿Y sí salió volando?
-          ¿Qué? ¿De qué hablas Chunk?
-          Piénsalo, si nosotros salimos flotando debido a la falta de gravedad, aun con dispositivos que nos agregan un poco más de peso, quienquiera que estuviera dentro, podría haber salido flotando.

Entonces ambos encendieron sus propulsores y comenzaron a buscar al misterioso pasajero de la nave hasta que dieron con él. O mejor dicho, ella.

.: VI :.
Alguien murmuraba a su alrededor. Se oían dos voces que hablaban de ella. Con lentitud, abrió los ojos.
-          Mira, Chunk, ha despertado.
-          ¿Quiénes son ustedes? –preguntó desconcertada.
-          Wow, sus ojos son como los tuyos, Rex. –dijo Chunk observándola con atención.
-          ¿Quiénes son ustedes? –reiteró ella.
-          Disculpa a mi amigo, yo soy Guillermo y él es Chunk, mi robot. Veníamos en aprietos, así que no nos hemos dado cuenta cuando hemos chocado contigo.
-          Al menos perdimos de vista a esos despreciables snordiganx. –dijo Chunk con apatía.
-          ¿En serio él es un robot? No lo parece…
-          Sí bueno, la tecnología es muy avanzada estos días. –contestó riendo el chico. –Pero te puedo asegurar que Chunk es un robot, y si aun tienes dudas puedo mostrártelo.
-          No, te creo. –no sabía qué más decir, así que preguntó –¿Qué es un snordiganx?
-          Son patrulleros de los cuadrantes. Suelen ser muy corruptos, y simplemente digamos que no suelo congeniar con ellos.
-          ¿Así que en apuros, huh?
-          Algunos. –volteó al suelo, avergonzado, pero luego levantó el rostro y contraatacó. –¿Y tú? No conozco forma de vida que maneje a tal velocidad y no tenga aunque sea dos cadáveres frescos tras de sí, jaja.
-          Yo… –ella no sabía qué contestar –No maté a nadie, si a eso te refieres.
-          Vamos, que una niña como tú…
-          No soy una niña. –interrumpió ella.
-          Bueno, una mujer como tú.
-          Tampoco soy una mujer. No aun.
-          ¿Entonces qué eres?
-          No lo sé.